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miércoles, 22 de agosto de 2012

¿Qué nos dicen los rostros que vamos viendo en nuestras vidas?

Rostros.

Del músico, pintor y poeta  Hernán  M. Pettorino.

                                     Existe un rostro de las cosas:
                                     El rostro trágico de las cosas pobres.
                                     El humilde de una carreta olvidada
                                     en un potrero.
El rostro múltiple de los árboles del bosque.
El rostro meditabundo de las piedras,
de los libros callados.

Hay un rostro límpido de cielo despejado.
Otro rostro expectante en las nubes
de tormenta.
Y un gran rostro del océano
en un verde, anchuroso azul-verde
de mar.

Hay un rostro colosal en las montañas
y el diminuto y tierno de una hoja de hierba,
y allí están las flores de rostro adolescente,
y aquí los caminos de largo rostro polvoriento.

                                     Y en la oscuridad se acerca hacia nosotros
                                     el rostro del miedo,
del deseo, la nostalgia
                                     y el llegar a hurtadillas
de mil rostros distantes.
Así vagan por la tierra esos rostros
del hambre, la peste y las guerras.

Mas, también hay los rostros
sin rostro,
como el de “alguien”
o el de “nadie.

O el rostro infinito de Dios...

Hay entre nosotros
dos rostros perfectos:
El de la madre
O el del ser más amado.

Pero siempre llevamos delante
-como una sombra nuestra-
ese rostro cansado,
sin color ni forma,
que todo ser conoce:
el rostro del Dolor.

sábado, 9 de junio de 2012

Hay sonidos tan potentes que acaban con el silencio más hermético.

María Luisa García Tello y sus “Sonidos del silencio”.

         Nuestra compañera del Círculo de Escritores de la V Región se siente en la necesidad de explicar de alguna manera el título de su libro de poemas, ya que envuelve una flagrante contradicción que inundaría de pavor no solo a los amantes de la lógica, sino a todos aquellos puristas que nos van quedando y que se han convertido dentro de nuestro mundo evolucionado y libertario en personajes casi tan extintos como el obsoleto “anafe a parafina”.
         María Luisa con su sencillez natural, aunque no necesitaba de manera alguna justificar el título revelador de su magistral condición de poeta, nos dice lo siguiente: “El silencio sugiere imágenes, recuerdos, evocaciones. Estos son los sonidos que transcribo”. Y más adelante desnuda  amorosamente su intención añadiendo que “Sonidos del silencio significa compartir con mis semejantes la sensibilidad de mi mundo interior y la visión de todo aquello que nos envuelve, su poder y fragilidad, su fealdad y su belleza, su frialdad y calidez”.
         Palabras estas sabias y tiernas, llenas de sus experiencias e invitaciones a los grandes valores humanos: el amor, la tolerancia, la verdad, la justicia, la prudencia, la fortaleza del espíritu, todo ello empapado en las aguas cristalinas de la belleza y la transparencia que la buena poesía exige.
Para que el lector disfrute y sin el previo permiso de María Luisa, nuestra poeta del amor y de la entrega a la modestia y generosidad francas y permanentes, voy a reproducir acá, en mi blog, sin mayores comentarios, olamente  tres poemas que abren los cortinajes de un alma lírica excepcional, siempre impregnada del más acendrado cariño por toda las maravillas del mundo sorprendente que nos rodea. Y que sean nuestros amables lectores quienes los juzguen:

I.- Espero.

Espero una flor
que caiga del cielo
espero
un lucero,
una rosa,
un libro abierto,
una mirada de niño,
un concierto.
Espero una carta
que brinde consuelo,
espero una risa
que venga de adentro.
espero una nube
que pase ligero,
un rayo de sol,
un amigo…
Siempre espero.

II.- Seres invisibles.

Seres invisibles
nos acompañan,
siempre
inmersos en el aire

que respiro,
van conmigo
pegados a mis huesos,

circulando con mi sangre,
abrazados a mi cuerpo.
Se quedaron conmigo,
nunca se fueron.

Seres invisibles
me acompañan,
me hablan sin voz…
desde mis sueños.

III.- El baúl.

Encontré mi baúl
pleno de letras.
feliz e infatigable
comencé a jugar con ellas,
construí soles,
castillos, estrellas,
increíbles historias
de maravillas y sueños.
Ahora a veces
las guardo bajo
mi almohada
y al otro día
retorno a mi juego.

lunes, 5 de marzo de 2012

Oda de Hernán M. Pettorino [Nancho]

La oda enloquecida.

Verso
de rienda
suelta,
desbocado...
corriendo
por la pradera
perfumada
tras la imagen fugitiva
en escapada,
que se esconde
por cerros
y quebradas.

La persigue
la ronda
y la sorprende:
ya tiene
a su presa
acorralada
que cae
entre sus dientes
atrapada,
siendo al fin
por fauce ansiosa
articulada.

Verso
de crin
al viento
con estribo
y estribillo,
con espuelas
y rodajas
que suenan
y resuenan.

El corcel
del verso
suelto
va arrimándose
a las rimas,
fáciles novillas
atajadas
en la quincha.

Cuando caen
las estrofas
al galope
de las horas
se van arando
las palabras
en las melgas
de las almas
(deletrean
viejas piedras
la sequía
de su llanto)
y las siembran
silabeando,
mientras sudan
voz y ritmo
sangre y tinta.