lunes, 17 de septiembre de 2012

José Francisco Vergara, el fundador de Viña del Mar.. Por Félix Pettorino.


José Francisco Vergara Etchevers [10.10.1833 – 15.02.1889]. De familia acomodada, nació en una hacienda que poseían sus padres en Colina, al norte de la capital. En sus estudios se destacó en Matemáticas, por lo que decidió matricularse en la Universidad de Chile hasta titularse de ingeniero en 1866.
No bien empezó a ejercer su profesión cuando le correspondió trabajar como ingeniero auxiliar en dos importantes proyectos: la construcción del ferrocarril de Santiago a Quillota (luego al puerto de Valparaíso), y el túnel de San Pedro. En plena juventud contrajo matrimonio con Mercedes Álvares.
Tanto el ferrocarril como el casamiento aludido fueron decisiones muy importantes en su vida, que, más allá de las consecuencias personales o familiares, llegaron  a tener repercursiones históricas de cierta trascendencia para el futuro de la región. Pues, a raíz de ello, brotó en el emprendedor ingeniero la idea de tomar en arrendamiento la hacienda llamada “Viña del Mar” (hoy ciudad de ese nombre), de la cual al poco tiempo llegó a convertirse en copropietario, gracias al matrimonio con su arrendadora, Dª Mercedes Álvares, con quien tuvo dos hijos: Blanca y Salvador.
En 1874, tuvo la idea de fundar la ciudad que hoy conocemos, para lo cual, disponiendo de la parte más plana y baja de la hacienda, de la que era codueño con su esposa, comenzó a confeccionar un plano, trazando plazas y delineando calles, con el propósito de poner en venta los sitios para su ulterior edificación. Paralelamente hizo construir un hotel para los santiaguinos o gente del interior, que decidieran veranear a orillas del mar. De este modo -como ya debe haberlo intuido nuestro atento lector- el ingeniero Vergara, aprovechando además el paso del ferrocarril rumbo a Valparaíso, inició la fundación de la ciudad de Viña del Mar.
Pero, además, Vergara era un hombre de gran diligencia y habilidad para los negocios. Y al mismo tiempo desplegó una admirable capacidad para repartirse en los más diversos menesteres, pues llegó a destacarse como político y orador. Era lo que hoy pudiera llamarse un “hombre múltiple”, gran hacedor de las tareas útiles más disímiles, por poco importantes que en un principio pudieran parecer.
En 1868 se incorporó al Club de la Reforma. Después de viajar por Europa, fue electo diputado por Ancud, hacia 1877. Además, declarada en 1879 la Guerra del Pacífico, fue oficial de primera línea como para brillar con luces propias en las campañas de Tarapacá y de Tacna. Tanta fue su eficiencia como militar, que el gobierno llegó a nombrarlo en el cargo de Ministro de Guerra y Marina en Campaña, de modo que a partir del 15 de julio de 1880, tomó parte activa en la organización de la Campaña de Lima y en 1881 llegó a combatir con el éxito ya conocido en las batallas de Chorrillos y Miraflores.
Una vez finalizada su participación tan relevante en la Guerra del Pacífico, fue nombrado ministro del Interior del gobierno de Domingo Santa María (1881-1886); pero en 1882, prefirió ejercer la política activa, siendo elegido con una gran mayoría como senador por Coquimbo. Famoso fue el debate que Vergara inició en el senado, a propósito de la lectura de un telegrama de José Manuel Balmaceda, donde quedaba al descubierto la intervención electoral del gobierno.
Y a tanto llegó su fama, que al poco tiempo fue proclamado por el partido Radical como candidato a la presidencia en la Convención Nacional, Liberal y Radical que se reunió expresamente para ello en 1886. El diario La Libertad Electoral fue el portavoz de su candidatura. Sin embargo, renunció a continuar con la campaña, ya que su oponente, José Manuel Balmaceda, contaba con la poderosa protección oficialista y la mayoría de los votos, y él carecía, por su posición ideológica, del apoyo del Partido Conservador.
Francisco Antonio Encina, uno de nuestros historiadores más  perspicaces para definir el carácter de sus personajes, decía de Vergara lo siguiente: “La nota más desconcertante de la personalidad de Vergara es la conciliación de algunas características que siempre andan divorciadas, aún en los cerebros mejor dotados. Su amplitud mental era sencillamente asombrosa, sus aptitudes recorrían una gama que iba desde el hábil hombre de negocios hasta el estratega, desde el matemático hasta el escritor de poderoso temperamento literario, desde la más delicada sensibilidad hasta el más impetuoso empuje de la voluntad. Y la suya era una amplitud cerebral auténtica, la antítesis del charlatán”.
Retirado definitivamente de los afanes y azares de la política, pasó sus últimos años en su hermosa mansión, que aún se conserva como verdadera reliquia histórica, en medio de los bellos prados, arboledas y jardines de la Quinta Vergara de “su ciudad” de Viña del Mar.

Breve historia de Chañarcillo, el fabuloso mineral de plata chileno. Por Félix Pettorino.


Chañarcillo el más grande mineral de plata descubierto en Chile, el 16 de mayo de 1832. La india Flora Normilla, madre de Juan Godoy, le dio a su hijo el derrotero de esta mina, quien con su protector y amigo Miguel Gallo Vergara, efectuó la denuncia correspondiente (1832), convirtiéndose ambos así en los mineros más acaudalados de los que en Chile hubiera memoria. Juan Godoy era excesivamente afecto al derroche y a los placeres de la vida; pero gozó siempre del apoyo económico y protección de su socio, que hasta le compró una propiedad para que durante sus años postreros viviera sin sobresalto alguno.

Alberto Blest Gana, el primer gran novelista chileno. Por Félix Pettorino..


Alberto Blest Gana [Santiago, 04.05.1830 – París, 09.11.1920]. De familia acomodada, poco se sabe de este gran novelista a causa de que la mayor parte de su vida estuvo fuera de Chile, Además, poco antes de morir, dado su carácter reservado, quemó toda su documentación privada. Ingresó a la Academia Militar, suponemos que después de haber hecho su educación de primer y segundo grado. Más tarde viajó a Francia, donde profundizó sus conocimientos de Ingeniería militar. A su regreso a mediados del siglo, fue llamado por la Academia ya citada para ejercer la cátedra de Topografía, y tuvo la oportunidad en 1852 de levantar con la ayuda de sus alumnos, el plano de la ciudad de Santiago. En 1866, durante la presidencia de Pérez, fue designado ministro embajador de Chile en Estados Unidos; luego, en 1868, en Londres; y en 1869, en París. Con notable visión de futuro y apoyado por los respectivos gobiernos, utilizó estas misiones diplomáticas para adquirir armamento para su país en las vísperas del conflicto armado con Perú y Bolivia, que se iniciaría en 1879.
            Alberto Blest Gana fue, en realidad, el fundador de la novela en Chile. Empezó con una suerte de trabajos preparatorios, meros sondeos, a través de obras costumbristas teñidas de cierto romanticismo, como Una escena social (1853), Engaños y desengaños (1855), El primer amor (1858) y La aritmética en el amor (1858), para proseguir con relatos más maduros, muy bien estudiados y bastante complejos, con cierto trasfondo costumbrista de carácter histórico, donde se vislumbra de algún modo el macizo influjo del realismo de Balzac. Dichos relatos son sus verdaderas obras maestras, como Martín Rivas (1862); El ideal de un calavera (1863), Durante la Reconquista (1879), Los trasplantados (1904), apodo que -junto con el aún más despectivo de rastacueros, se daba a aquella gente de clase media que, gracias a su talento y al dinero ganado con él, podían llegar a emerger  en medio de la flor y nata de una élite aristocrática, tanto en el propio país como en el extranjero, en especial, Europa. Más tarde aparecen El loco estero (1909) y Gladys Fairfield (1912). Buena parte de estas obras fueron escritas en París, donde finalmente falleció, siendo ya casi  un nonagenario.

Ignacio Domeyko, geólogo y mineralogista pionero. Por Félix Pettorino.


Ignacio Domeyko [Missik (Polonia), 21.07.1802 – Santiago, 23.01.1889]. A  los 15 años ingresó a la Universidad de Vilna donde se licenció en Ciencias Físicas y Matemáticas. A los 29 tomó parte en las Filas Patrióticas contra Rusia.  En 1831 se vio obligado a exiliarse en Francia a causa de la derrota de los polacos por los rusos. Estudió en la Escuela de Minería en París. Terminados sus estudios, el ingeniero minero Carlos Lambert lo contrató por encargo del gobierno de José Joaquín Prieto, para ejercer como profesor de Química y Mineralogía en el colegio de Coquimbo. A Chile llegó en 1838, donde revolucionó la enseñanza de la minería, complementando las lecciones teóricas con las prácticas, tanto en terreno y en el laboratorio. De este modo logró preparar numerosos técnicos chilenos, al mismo tiempo que realizaba valiosas investigaciones de carácter empírico. Una vez terminado su trabajo docente en Coquimbo, a partir de 1840,  llevó a cabo continuos viajes por diversas partes del país. En estas expediciones, describió las estructuras geológicas que existían en extensas zonas de Chile, en particular la cordillera de Copiapó (hoy de Domeyko) y Arauco (Nahuelbuta). Cuando pensaba regresar a Polonia (1847), poco después de haber inaugurado el curso de Mineralogía en el Instituto Nacional, el gobierno logró retenerlo contratándolo como profesor de Química, Física y Mineralogía del Instituto Nacional. En 1866, fue elegido miembro de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile para más tarde ocupar el cargo de rector, en el que estuvo hasta 1883. En tal puesto, logró transformar la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas en una escuela formadora de ingenieros. Entre 1884 y 1888 visitó Tierra Santa, el Vaticano y su país natal. Falleció en Santiago al año siguiente de su viaje. Por último, un dato interesante: En 1848, el Congreso Nacional le había concedido la nacionalidad chilena por gracia y dos años más tarde contrajo matrimonio con la ciudadana chilena Enriqueta Sotomayor Guzmán. [Datos obtenidos del Diccionario Histórico y Biográfico de Chile de Fernando Castillo Infante, Lía Cortés y Jordi Fuentes, ed. Zig-Zag en 1996-1998, 573 pp.; e Internet, Sección Historia de Chile, Biografías].

Toma del Morro de Arica, hazaña sin precedentes históricos. Por Félix Pettorino.


Morro de Arica, cascote
de roca cordillerana
a los pies del horizonte,
escenario de la hazaña
de gallardos batallones,
tu piel ya sorbió la sangre
de atacantes y defensores
que murieron combatiendo
al pie de sus pabellones.

Y el tiempo se llevó la huella
de aquellos heroicos hombres
que trepando por tus flancos
encontraron los honores
de la victoria o la muerte
en sus macizos bastiones.

La Historia nos trae el recuerdo
y evoca tu heroico nombre.

Cuatro mil son los soldados
que lucen los tricolores
del General Baquedano.
Vienen prestos a atacar
¡y sólo hay dos mil peruanos!
A Salvo a parlamentar
lo comisiona en el acto,
que no es bueno derramar
inútil sangre de hermanos.
La nota de Bolognesi
tarda muy poco en llegar:
“-¡Hasta el último cartucho
los aliados lucharán!”

¡Cuán soberbia es la misiva,
del jefe de los peruanos!
Un nuevo emisario envía
el General Baquedano.
Es Elmore, de ingeniería,
buen rastreador de explosivos,
ha descubierto las minas
que protegen el baluarte
por doquier, bien escondidas,
para matar a mansalva
a quien arriesgue su vida
reptando por las escarpas.

Insiste con hidalguía
ante el comando adversario:
“-¡Ríndase, Su Señoría,
por el bien de los peruanos,
que no basta dinamita
para atajar a mis bravos!”

El altivo Bolognesi
no se arredra en su porfía:
“-¡Hasta el último cartucho
luchará mi artillería!”

Baquedano al fin comprende
lo inútil de sus misivas:
“-¡Que se apresten los infantes
y se armen las baterías,
las tropas, ¡en parapeto!”
Nombra a Lagos como guía
y a tres mil metros se ponen
en línea de infantería.

El Morro está bien guardado
con cañones en los fuertes
y los accesos minados:
¡más que osados, son suicidas
los que intenten remontarlo!

Muy pronto la Covadonga,
al recibir los disparos
que vienen desde la cumbre
debe ponerse a resguardo
se repliega mar adentro
y la vanguardia de bravos
aguarda ansiosa la orden
para iniciar el asalto.

Lagos proyecta un avance
que confunde a Bolognesi:
del sur, las tropas de Ugarte
son trasladadas al frente
y una larga brecha se abre
en dirección a la cima
del peñón inexpugnable.

Lagos ordena otro ataque,
el 2 de Línea y el Lautaro
a fuertes del norte parten,
el 4 de Línea al este
y al corazón del combate,
quien pruebe tener más suerte:
con una moneda al aire
el Buin pasa a la reserva
y el 3 se pone adelante...
¡Qué triste se queda el Buin
por haber perdido el lance!
Sólo les resta suplir
si el 3 cae en el avance.

Rasga el alba de la gloria
el sol de un 7 de junio.
En Lomas de Condorillo,
mil quinientos metros justos
del bastión de Bolognesi
cuatro mil chilenos juntos
avanzan en gran silencio
para ubicarse en los puntos
asignados por los jefes.
El afán es sólo uno:
escalar por las laderas
en unos cuantos minutos
y enarbolar labandera
¡arriba, en el morro abrupto!

Con corvos y bayonetas
los del 3 de Línea rompen
los gruesos sacos de arena
que apilados en gran ruma
defienden la ciudadela
y trepan como felinos
hacia la gran fortaleza.

Ya la van a conquistar...,
¡cuando un estruendo se siente!
Es Arias, quien ha mandado
hacer explotar el fuerte
sin importar si un peruano
en el reventón se muere:
cabezas, brazos y piernas
de soldados de ambos frentes
por todos los aires vuelan,
los defensores perecen
deshechos entre las piedras...
No quedan sobrevivientes,
¡ni los rayos del sol quedan!

El Fuerte Este rompe el fuego
haciéndole muchas bajas
al Cuarto Escuadrón chileno;
mas los rotos son muy bravos
y asaltan al descubierto
con bayoneta calada
y corvo en el cuerpo a cuerpo.

La lucha es desenfrenada,
un jefe peruano es muerto
y huyen a la desbandada
sus tropas, dejando el puesto
a merced del atacante,
quien no cae herido, es preso.

Bolognesi ilusionado
aún no entiende su error.
La hueste de Ugarte asoma
con la enseña bicolor
y se enfrenta con Barbosa
que en el flanco norte ataca.
No pueden con tanta tropa,
son partidos por mitad,
¡muchos caen en las fosas
batidos por la metralla,
otros saltan como rocas
despedidos por los aires
al pisar minas traidoras
que ellos mismos instalaron!

El bastión se desmorona,
casi no queda esperanza.
Sólo en la cumbre, la zona
blindada de Cerro Gordo,
con Bolognesi en persona,
Moore, Ugarte y Sáenz Peña,
no creen en la derrota.

Los chilenos que se acercan
vuelan mezclados con losas
que se deprenden del fuerte
cuando las bombas explotan.
Ahí cae San Martín,
el capitán de la tropa,
los soldados sin comando
son muertos a quemarropa,
el furor los enceguece
y un solo grito en las bocas
se oye: -”-¡Al Morro, muchachos!”

La turba se precipita
rumbo al último reducto
saltando o pisando minas.
Nadie obedece las voces
de mando que se les grita
por moderar el ataque
y un torrente de suicidas,
de aullidos y mandobles
trepan con furia la cima
y arrasan con las defensas
que los peruanos tenían
como torreón invencible.
Los que no rinden la vida
deben lanzarse al vacío
con fe y vida perdidas.

Entre el fragor del combate
una bandera se iza:
¡es el emblema de Chile
clavado en Morro de Arica!
Sus tres colores retozan
jugueteando con la brisa.

Claudio Gay, el pionero de los estudios botánicos en tierras chilenas. Por Félix Pettorino.


Claudio Gay [Draguignan (Francia), 18.03.1800 – Le Deffrens (Francia), 29.11.1873]. Hijo de agricultores provenzales del lejano sureste francés, fue enviado a París con gran esfuerzo  por sus padres con el propósito de estudiar el tema de su predilección: la Botánica. En 1828, una vez graduado, llegó llamado por el gobierno chileno con el fin de trabajar en una investigación científiica vinculada a la producción agrícola y a sus posibilidades de producción y de comercio. Venía acompañado de un grupo de profesores que habían sido contratados por un profesor francés de apellido Chapuis, por disposición de don José Joaquín de Mora, político constitucionalista. A Claudio Gay le correspondió la cátedra de Física y Química en el Colegio de Santiago, fundado por Mora y dirigido por Andrés Bello; pero después de ejercerla por un tiempo, primero la convierte en un curso de Geografía Regional, más acorde con los conocimientos e intereses de sus alumnos, aunque a los meses después debió abandonarlos para entregarse de lleno a la labor de su vocación: investigar a fondo la flora y la fauna del territorio por lo que había debido viajar desde tan lejos.
El contrato con el gobierno de Chile representado por Diego Portales, que vio en él un maestro sabio y muy dedicado a la investigación, fue formalizado en Santiago el 14 de septiembre de 1830. Estipulaba que Gay se comprometía a recorrer el territorio nacional durante tres años y medio, con el fin de explorar las riquezas naturales del país, que permitieran “estimular la industria de sus habitantes y atraer la de los extranjeros” y presentar a una comisión del gobierno, el resultado completo de su labor al cabo de cuatro años. Además, con las muestras botánicas, zoológicas y minerales que reuniera, su misión debería ser la de formar un gabinete ad hoc, esto es, un lugar especialmente acondicionado para exhibir ordenadamente los elementos coleccionados durante la investigación. Su sueldo se fijó en 25 pesos mensuales, con la promesa de un galardón final de $3.000.-,  una vez que fuera presentado el proyecto.
Con el fin de cumplir sus objetivos, el científico se dio a la tarea de estudiar no solo la flora, sino también la fauna, la geografía y aun la geología del territorio, y se esforzó por confeccionar una estadística de la producción, comercio y demografía chilenas. De este modo, después de haber cumplido el cuarto año de investigación, presentó, tal como se había acordado, una historia natural y una geografía física y descriptiva del país, con láminas, mapas y dibujos de cada provincia, con vistas y planos de las principales ciudades, puertos, ríos, etc., además de un levantamiento geológico relativo a la estructura de los suelos, rocas y minas, sin perjuicio de la estadística general y particular en cuanto a producción, industria y comercio de todo el país.
El primer destino de Gay fue la provincia de Colchagua, territorio prácticamente virgen para el trabajo en marcha. El sabio naturalista se maravillaba en cada lugar con cualquiera especie de la naturaleza que le pareciese desconocida. Infatigable ante las incomodidades de cualquier clima, por inhóspito que fuese, más tarde tuvo la feliz oportunidad de visitar parte del Desierto de Atacama. Estas expediciones le hicieron percatarse de dos problemas. Por una parte, necesitaba más tiempo para recorrer todo el país con sus colaboradores para las observaciones y mediciones, y por la otra, requería de una cantidad y variedad mucho más adecuada de  instrumentos científicos. Gay propuso entonces al gobierno chileno viajar a Francia para adquirir los elementos que necesitaba y, dada la autorización, emprendió en 1832 el deseado viaje; pero hubo una breve interrupción que él estimó necesaria. Mientras se hallaba de paso en Valparaíso, aguardando el barco que lo llevaría a su tierra natal,  se le presentó la feliz ocasión de visitar las Islas de Juan Fernández. Partió entonces rumbo al archipiélago, donde la vegetación lo dejó tan maravillado que se entregó ahí mismo a recoger y a ordenar todo cuanto pudiera encontrar. Al arribar a Francia, sus colegas quedaron entusiasmados como él  ante la sola vista de los ejemplares botánicos, zoológicos y minerales que traía. La cordial recepción le permitió conseguir con cierta facilidad, pero con su habitual diligencia, los más útiles instrumentos científicos que había a mano.
Gay retornó a Chile en 1834, y se trasladó a Valdivia, incluida parte de la Araucanía, a fines de ese mismo año. Fue uno de los primeros europeos que tras casi 200 años de ausencia, debió atreverse a ingresar en el temible territorio picunche. Durante los viajes a terreno, las expediciones contaron con  intérpretes para tratar con los caciques; de manera que a nuestro Claudio Gay no le fue tan difícil familiarizarse con sus costumbres, que fueron ampliamente conocidas gracias a los dibujos y bocetos que él realizó con ayuda de expertos, como Rugendas. Después de un año en la boscosa zona de Valdivia, viajó a Chiloé donde estuvo algunos meses investigando a los isleños.
Una vez en Santiago, Claudio Gay pudo dar cuenta parcial al gobierno de sus trabajos. Había logrado recolectar 5 cuadrúpedos, 213 pájaros, 21 reptiles, 47 peces, 2.557 invertebrados y 1.320 especies vegetales. Además, exhibió diversos volúmenes con anotaciones y dos más con 1.437 dibujos de objetos naturales, mapas e informaciones geográficas. Continuó con sus viajes, explorando Talca, Concepción y Coquimbo. En 1835 el gobierno decidió entregarle un edificio para que organizara y clasificara en los estantes sus muestras, dando origen al Museo de Historia Natural, situado en la Quinta Normal de Santiago.
El 29 de diciembre de 1841, antes de que Claudio Gay viajara a Francia, el gobierno le concedió por gracia la nacionalidad chilena y un premio de 6 mil pesos.
Galardón por demás merecido, después de tantos estudios y viajes que le significaron a Claudio Gay más de doce años de arduo trabajo, los cuales lograron plasmarse en la famosa Historia física y política de Chile, obra realmente monumental, materializada en un principio en 24 volúmenes más dos de atlas. En 1842, Gay regresó una vez más a Francia a preparar obviamente la edición de su obra, que se editó finalmente en 1845, con una impresión inusual para el país y la época, con más de 300 láminas de escenas de costumbres, algunas (como lo hemos dicho) debidas a la pluma del genial  Mauricio Rugendas, a raíz de lo cual, la Sociedad Geográfica de París le concedió en 1845 su bien merecida medalla de oro. En 1843 fue designado miembro de la Universidad de Chile y su país natal le confirió la Legión de Honor. Más tarde, en 1856 fue declarado miembro del Instituto de Francia y de  la Academia de Ciencias de París.
En Francia, se preocupó de terminar los libros que contenían el resultado de sus investigaciones. De esta manera, en 1844 concluyó el primer volumen de la Historia Física y Política de Chile. Los 30 tomos de esta monumental obra se continuaron publicando hasta 1871: los 8 primeros tratan de la Historia Política (1844-1854); otros 2 contienen documentos históricos reunidos en diversos archivos nacionales y extranjeros (1870-1871); 8 tomos son sobre Botánica (1845-1852); 8 tomos de Zoología (1847-1854); 2 tomos que constituyen un atlas con dibujos de las especies naturales, mapas de diversas regiones, grabados de paisajes, tipos humanos y costumbres chilenas (1844-1855); y, finalmente, 2 tomos detallan un estudio sobre el estado de la agricultura chilena (1862-1865).
En 1863, al cumplir 60 años, Gay decidió dar una vuelta por Chile “Antes de morir -le escribió a Barros Arana- he querido ver una vez más este hermoso país y los excelentes amigos que aquí poseo y que me serán siempre tan queridos”.

¿Sabes tú quién tuvo la iniciativa, a comienzos del siglo antepasado, de abolir la esclavitud en Chile?


José Miguel Infante Rojas [Santiago, 1778 – Santiago, 09.04.1844] Obtuvo el título de abogado en la Real Audiencia, en 1810. Durante la denominada Patria Vieja (1810-1814) formó parte de las sucesivas juntas de gobierno. Elegido diputado por Santiago en 1811, llegó a ser secretario del primer Congreso Nacional. En 1813, por instigación suya, se sustituyó a Carrera y se eligió a O'Higgins. En 1814 asumió el cargo de senador. En 1814, tuvo la suerte de hallarse en una misión especial en Buenos Aires cuando sobrevino el desastre de Rancagua, lo que lo libró de la detención y del destierro. Retornó a Chile después de la batalla de Chacabuco y en 1818 fue designado ministro de Hacienda por Bernardo O’Higgins en su calidad de Director supremo. Fue ardoroso partidario del sistema federal de gobierno, que intentó sin éxito implantar en Chile. En 1821 fundó el periódico El Valdiviano Federal, en el que defendía sus teorías federalistas. Ministro de Hacienda con O´Higgins (1818), luego se enfrentó con él y a la caída del caudillo, fue nombrado miembro de la Junta de Gobierno junto con Errázuriz y Eyzaguirre. En julio de 1823 impulsó como senador la abolición de la esclavitud. De este modo Chile se convirtió en el primer país de la América española en tomar esta medida. A fines de 1825 subrogó a Ramón Freire en el Consejo Dictatorial, cuando este partió a liberar a Chiloé  de la tutela española. Desde ese cargo, en 1826 promovió el sistema federal para el gobierno del país, pero las medidas que se tomaron condujeron a un total fracaso y al auge de la anarquía. Llegó a ser presidente del Congreso en 1828. Finalmente, poco antes de su muerte, ocurrida en 1844, ocupó el cargo de ministro de la Corte Suprema y miembro de la recién fundada Universidad de Chile.