jueves, 9 de agosto de 2012

Novela "Amor de estudiantes". Una muestra epistolar. De Félix Pettorino.

Santiago, 30.12.47. (tarjeta de saludo). Mi amada Nechita: Esta tarde, la primera en que estoy solo desde hace tanto tiempo, te he echado de menos como nunca.
A mi alrededor todo es agitación y movimiento y, sin embargo, yo estoy triste porque no estoy contigo.
¿Cuándo volverán otra vez esos días anhelados y amados, esas tardes felices en que los dos éramos uno solo?
Usted., Inés, es mía y no se puede separar ya más de mí. No sabes lo que sufro ahora pensando en lo felices que seríamos si tú permanecieras conmigo. Sí, y para siempre. Así debería ser.
No puedo olvidar lo de esta mañana, tu alegría, luego tus lágrimas, tus adioses en el tren, todo.
Cuando el día 31 suenen las doce de la noche, lo primero que haré será besar tus retratos, donde estás más encantadora que nunca.
Quiero que te acuerdes también mucho de mí y que no te olvides que en tu Mageno (nombre que me investaste y que sacaste de tu corazoncito enamorado) tienes algo más que un amor. Sí, tienes en mí al ser que más te adora en la tierra, el que más te va a cuidar y a proteger. Y no te llevas tú sola el privilegio de amar.
Los dos nos queremos... ¡Qué felices momentos de hogar y de vacaciones, de reuniones y de citas y de caricias y de besos nos esperan para el año 1948 que se inicia!
Piensa en eso, amor mío, mujercita mía.
Quiero también que me escribas bien seguido, aunque sea cortito. Aquí van dos sellos aéreos para que empieces. Yo guardo un montón de sellos en mi corazón para ti, para que me sigas escribiendo. No sé qué dulce presentimiento abrigo en mi alma, pero la verdad es que, a despecho de mi soledad, sueño y fantaseo de que este año de 1948 que está próximo a nacer, tú, Nechia mía, amor de mi vida, serás mía para siempre.
Aquí estaré, esperándote triste y silenciosamente. Contando una a una las horas, repasando los minutos y empujando al tiempo para verte de nuevo, tal como eres, radiante y feliz, retornando desde tu tierra y de tus padres queridos a mis brazos, para forjar el futuro con nuevas alegrías y, más tarde, con nuevos y amantes retoños.
Te suplico, Inés mía que me escribas, que no dejes nunca de escribirme. Que me acortes así mi atormentado tiempo de espera.
Aprende a ser mía, como yo lo soy tuyo, aun en la distancia.
Quiéreme. Yo sé que nos queremos. Pero quiéreme un poco más. No puedo dejar de decir eso aunque sepa la verdad, aunque sepa que juntos somos dioses y separados, nada.
1947, el año más feliz de mi vida; pero ya se acabó. 1948 será mejor, ¿no es cierto?
¡Feliz Año Nuevo 1948! Félix, tu Mageno.

La Serena, 31.12.1947. Mi perrito adorado: Héme aquí de vuelta a mis viejos lares, después de un viaje largo y aburrido. En realidad este fue el viaje más largo de todos los realizados hasta aquí. Tú sabes por qué, y yo con mayor razón. Te eché tanto de menos, amor mío, que el resto del viaje fue un verdadero martirio. Después de ese trayecto maravilloso de Santiago a Calera en que lo pasé demasiado feliz, y después de nuestra despedida en Calera no podía calmarme. Me tuve que tragar las lágrimas para no llamar la atención, pero, a pesar de mis esfuerzos, éstas salían fácilmente. Traté de mirar el paisaje, pero en todo lo que me rodeaba te veía tan adorable como siempre y se redoblaba mi pesar. Al poco rato abrí el Reader’s que me regalaste y cuando leí lo que escribiste no pude contener el llanto. Sentía que te amaba más que nunca y que se me obligaba a separarme de ti, como que algún poder, cruel e inevitable, te robaba de mi lado. Todo el resto de la mañana lo pasé muy mal, tratando de no llorar. Ya a la hora de almuerzo, que fue a las 12,30, me calmé un poco. Me fui al coche-comedor y ahí tocó la coincidencia de que me sentaran en la misma mesa en se hallaba el esposo de la Juanita Alfaro. Estaba solo, porque ella tuvo que quedarse a almorzar en el asiento del mismo carro, pues el niñito de ellos se había dormido en sus brazos. El marido de Juanita se puso a conversar conmigo sobre el Pedagógico, los profesores, etc., y así pasé el almuerzo. Después me fui a mi carro, nuevamente a estar con tu recuerdo, pues, aunque doloroso, lo prefería a toda otra cosa. Así pasé leyendo y pensando como hasta las 5,30 de la tarde, hora en que la directora del liceo (de La Serena) llegó a mi asiento a conversarme. Después me presentó al grupo de chiquillas del VI Año y me mantuve dialogando con ellas muy a pesar mío, pues yo deseaba estar sola en mi asiento. El resto del tiempo, hasta la cena y después, lo pasé conversando a solas con Ud., riéndonos y besándonos imaginariamente. A veces cerraba los ojos y creía sentirte a mi lado tan de veras que al despertar experimentaba un profundo dolor.
El tren llegó a la 1 de la madrugada y encontré en la estación a mis dos hermanas con Ubaldino. Después en la casa, a papá y mamá. Estaban en pie a esa hora, esperándome y se alegraron inmensamente al verme. Mi papá lloraba y mamá también. Nos acostamos después de las 2 conversando y más tarde seguí charlando en el dormitorio con mis dos hermanas. Ahí supe desgraciadamente que Cristina (Margarita) no haría su matrimonio hoy día, por dificultades propias de nuestro sexo, así que, como comprenderás, se vio obligada a postergarlo y no lo haría hoy, lo hará para el 12 de enero, el día de su cumpleaños... ¿Te imaginas nuestra mala suerte, mi Mageno? Ella lo sabía como tres días antes, pero talvez no me mandó decir nada por temor de que yo me quedara allá más tiempo del necesario. En cuanto lo supe, me dio mucha pena y rabia al ver que no pudimos estar juntos por más tiempo, pero después pensé que en estas vacaciones iba a estar menos días con mi familia y me consolé un poco.
Mi perrito lindo, supongo que Ud. me habrá mucho de menos, ¿no es cierto?
Anoche, conversando del asunto del colchón con mamá, yo le dije que te había dejado el encargo a ti y que, una vez retobado y enviado por ferrocarril, me mandarías el boleto del bulto a nombre mío. Ella me contestó que, como mi papá tendrá que irse luego a Cerrillos, sería mejor que se lo enviaras a nombre de él a Ovalle y, al mismo tiempo hicieras el favor de remitir el boleto a Cerrillos a nombre de Raúl, que es quien está allá, a fin de que este se lo pueda entregar a algún camión para poder sacar el colchón y llevarlo a Cerrillos. No tienes ninguna necesidad de escribirle a Raúl, echas el boleto en un sobre y le pones Raúl Hernández. Ovalle. Cerrillos de Tamaya. Además, no debes olvidar de ponerle al bulto la marca de “colchón” y no de “cama”, porque con la primera cobran la mitad más barato. Claro que tú tienes que  enviarlo “por pagar”. Te agradecería, amor mío, que nos lo mandaras tan pronto como te sea posible. Y perdona que te moleste tanto y que te haga hacer sacrificios que yo no merezco, como te agradeceré toda mi vida, el de haberme ido a dejar a Calera... Pero Ud. dice que todo lo que hace es porque me quiere, ¿no es cierto, mi hijito? Yo también, Félix querido, sería capaz de hacer cualquier cosa por ti, aunque me sé un poco cómoda frente a ti, que eres el hombre más encantador y adorable del mundo.
Amor mío: supongo que ya habrás recibido mi tarjeta de Año Nuevo. Esta noche me acordaré mucho de ti y te daré el primer beso y abrazo. Tú tambien, ¿no es verdad, amorcito? Esta noche me sentiré doblemente triste: en primer lugar, porque no estaré contigo; y en segundo, porque podría haberlo estado y pasado tan contenta como lo pasamos el Año Nuevo 1947, ¿te acuerdas?
Mi perrito adorado: mándeme las fotos para que estés a mi lado en una forma más presente y para que lo pueda ver “su querida suegra”, que ha preguntado mucho por Ud. y que lo quiere mucho. Se nota muy a las claras que es el yerno preferido, talvez porque Ud. es mío y mi mamá me quiere y, además, porque se llama Félix (como su esposo) y porque es lindo.
Amorcito querido: te tengo tan presente y tengo tan bellos recuerdos tuyos, que estoy deseando que pasen muy rápidamente estas vacaciones para estar de nuevo con Ud. Me hacen falta sus ardientes besos, sus apretados abrazos, sus dulces caricias, su mirada serena, todo, todo su ser adorable lleno de amor. Te quiero, amor mío y estoy completamente segura de que no cambiaré jamás y de que te querré cada día más.
Escríbeme luego, mi hijito, que estoy ansiosa de oírte y necesito tus palabras como el aire que respiro. Mándeme muchos besitos, que yo le he dado bastantes desde ayer hasta hoy día, y Ud. no me ha dado ninguno.
Hoy día, cuando toquen las doce, me tiene que dar un abrazo muy fuerte. No importa que me deje imaginariamente deshecha y adolorida, pues quiero estar muy unida a Ud., tanto como si fuera suya, como espiritualmente lo soy. Son ya cerca de las 7 P.M., “nuestra hora” predilecta, hora que la hemos vivido todo el año bien juntos, amándonos y besándonos amorosamente.
Bueno, amor mío, le deseo un Feliz Año Nuevo 1948. Sé que esta noche no vamos a estar juntos, así es que no podremos ser íntegramente felices ninguno de los dos, porque estamos incompletos; pero lo seremos con toda seguridad dentro de este mismo año, si nuestro Buen Dios así lo quiere.
Recibe saludos de todos los de la casa, especialmente de mamá, que te desea un Feliz Año Nuevo. Y tú, mi amado Félix, todo el amor de su Nechia, tristemente sola, que lo besa y lo abraza mil veces.

lunes, 6 de agosto de 2012

Tía Amy protege la salud de nuestros niños recomendándoles los frutos de la Madre Naturaleza.

Frutitas sabrosas.

                                     Por Amelia Pettorino

                                               Manzanitas suavecitas
                                               pintaditas de arrebol,
                                               peritas olorositas,
                                               higuitos de buen sabor.

                                               Quien te coma, sandiíta,
                                               se pondrá como un tambor;
                                               quien pruebe tu miel, perita,
                                               pregonará tu dulzor.

                                               ¡A la ronda, castañitas,
                                               uvitas de mi parrón,
                                               kiwis, caquis y guinditas,
                                               doraditas por el sol.

                                               Paraíso de frutitas
                                               nos regaló el Buen Señor
                                               para que, siempre sanitos,
                                               cantemos esta canción.

¿Quisiera usted, joven lector, ser profesor? Infórmese de los requisitos, entre los cuales no he puesto el no reclamar por los bajos sueldos...

Perfil mínimo, aplicable a quienquiera  tenga el anhelo de ejercer como maestro docente en cualquier país del globo.
NOTA: Por falta de experiencia en la materia, no me he atrevido a poner las condiciones o los requisitos propios del profesor de Educación Física o de algún arte en especial. Creo que no le será del todo inútil leer este tema, aunque sea por mera curiosidad,,,

                                                        Por el prof. Félix Pettorino

1.-Rasgos humanos:

1.1. Vocación a toda prueba, adhesión incondicional a la noble labor de educar, de formar a la juventud para que sea capaz de sortear con éxito las condiciones del mundo circundante presente y sobreviniente, tanto en el aspecto natural como en el cultural. Capacidad de inculcar durante el ejercicio de su magisterio la tolerancia y el respeto a las diferencias ineludibles, en términos de raza, sexo, ideología, rango social o económico de nuestros semejantes. En suma: maestro y educador por propia y espontánea decisión; y no un mero instructor o pasante de materias.

1.2. Voluntad de entrega y de sacrificio, cualesquiera que sean las condiciones adversas en que le corresponda desempeñar su tarea. Capacidad de ejercer la justicia al sancionar de palabra (jamás con violencia verbal o física) algún acto lesivo de la moral y calificando el rendimiento insuficiente de los alumnos con el mejor espíritu de comprensión por las dificultades o tropiezos experimentados durante el aprendizaje, sin demostración alguna de enojo o aún de mera incomodidad ante las bajas en el rendimiento, utilizando siempre el reconocimiento de algún defecto en la enseñanza o en el aprendizaje y la siempre benéfica vía del diálogo personal y del consejo pedagógico.

1.3. Respeto absoluto por la dignidad y derechos fundamentales de todos cuantos sean sus alumnos y capacidad inagotable para comprender, solidarizar con los débiles o los oprimidos, para amar y perdonar como verdadero padre, cualidad esta que puede llegar a convertirlo en un ejemplo y modelo viviente para sus alumnos y compañeros de trabajo.

1.4.  Honestidad a toda prueba en todas y cada una de sus actividades, sinceridad y probidad absoluta en su actuar académico y humildad para reconocer los propios errores, en especial ante sus alumnos.


2.- Rasgos profesionales generales:

2.1. Sólida cultura humanística, que comprende tanto la literatura de su propia lengua como la universal, incluidos sus fundamentación filosófica, histórica, social y sicológica.

2.2. Rigurosa preparación científica, que no sólo le permita analizar, evaluar y recrear la producción y obras de la cultura humana, sino dirigir, corregir y enmendar rumbos en la investigación que realice con sus pares o estudiantes. Mantenerse constantemente al tanto en los avances del conocimiento en la materia que enseña, preocupándose de mantener un archivo y una biblioteca propia de la información que vaya recogiendo y tratando continuamente estos temas con sus colegas de asignaturas.

2.3. Formación pedagógica de alto nivel que no sólo comprenda la puesta en práctica de un plan o programa de estudios, sino también la capacidad de proponerlos, recrearlos, enmendarlos, modificarlos y de discutir críticamente acerca de ellos.


3.- Rasgos propios del maestro en lengua materna:

3.1. Dominio general de la lengua materna, tanto en su nítida y adecuada pronunciación y tono de voz, como en el conocimiento profundo de su articulación lingüística fónica, morfosintáctica y semántica, incluido un rico manejo del vocabulario.

3.2. Conocimiento profundo de la historia de la lengua, por lo menos desde sus orígenes latinos; versación acerca del desarrollo histórico del pensamiento, de la cultura y de las manifestaciones artísticas, particularmente literarias, del mundo hispánico, y en mayor extensión, al menos del de Occidente.

3.3. Capacidad creativa en el idioma, capacidad para encauzar individual y colectivamente a los jóvenes en la investigación, creación, recreación y análisis del pensamiento y en la producción lingüística y literaria y de autocorregirse, de modo de que lleguen a capacitarse adecuadamente y a interesarse a la vez en todas las cuestiones relativas a la producción del pensamiento y del arte por medio del idioma.

viernes, 3 de agosto de 2012

Tía Amy nos pide que amemos y cuidemos a las aves del cielo.

                                      Soy pajarito...
                                                                 De Amelia Pettorino.
                                               Soy pajarito
                                               recién nacido,
                                               esta mañana
                                               llegué a mi nido.

                                               ¡Crac! Rompí el huevo
                                               con gran tesón.
                                               Chorlito nuevo,
                                               gusto del sol.

                                      Niñito, cuida
                                               con mucho amor
                                               mi breve vida:
                                               ¡me la dio el Señor!

                                      Buen muchachito:
                                               iré mañana
                                               a dar trinitos
                                               a tu ventana.

jueves, 2 de agosto de 2012

Niño o niña: ¿Quieren ustedes saber cómo eran los padres de antaño?



        
                           Mi mamá me castigó, pero supe que me quería.


                                                                                      Por Félix Pettorino.

 Para contarte esta breve historia debo remontarme al año 1932, cuando yo era apenas un muchachito algo más descriteriado de lo que soy ahora y los hábitos familiares, con especial relación a la autoridad ejercida por los padres, era notoriamente más severa que la de hoy.

Quienes éramos “hijos de familia” debíamos comportarnos con el mayor tino posible a fin de no llegar siquiera al más liviano enojo de nuestros progenitores, muchas veces con una nula capacidad de saber lo que realmente podía alcanzar una ira desatada de uno, de otro o de ambos…

Bastaba a veces la emergencia incitada por los deseos invencibles de desahogarse de los líquidos que portaba el cuerpo en pleno patio o en un rincón oculto de un callejón, para generar una alarma que sólo podía calmarse con la administración de una bien esmerada azotaina, acompañada de gritos desenfrenados que solían imponer para el futuro el más decente comportamiento posible.

Vivir en ese clima de constante temor no era muy grato que digamos. Lo peor era que el miedo a los castigos, con frecuencia imprevistos por nosotros, que nos arrastraba a vivir en un clima “sicoconductual” un tanto kafkiano, y creo haberlo dicho con propiedad, ya que tal escritor (Franz Kafka, por si no lo conoces) solía sufrir de una suerte de depresión extrema, que más de alguna vez lo arrastró a encarnarse imaginariamente en una asquerosa cucaracha, merecedora del mayor de los repudios, especialmente por parte de su tirano padre. Ciertamente el pobre Franz creía adivinar que a su repudiado niño él lo veía así.

Otro efecto de esa poco recomendable disciplina, ejercida aún hoy por unos escasos padres o hasta madres de familia, conducía inevitablemente a la mentira, cuando no a la hipocresía más descarada, ya que el hijo solía negar la veracidad de todas y cada una de las acusaciones que aparecían a diario como por arte de magia, eso sí que con el efecto de agravar la falta y el castigo en el caso de resultar sospechoso el censurado o censurada de haber alterado la exactitud de los hechos, aun cuando hubiese sido en un detalle aparentemente inocuo…

Después de tantos prolegómenos alargados con algún exceso, te pido disculpas, estimado lector, y, para hacerlas efectivas, acudo al grano del relato.

Es el caso que mis padres estaban muy contentos, aguardando la visita del hermano menor de mi padre, Guillermo, un varón ya hecho y derecho con unos 26 a 28 años encima. Había venido a nuestra ciudad, Antofagasta, con el propósito de ver después de tantos años,  a uno de sus hermanos mayores, mi padre, que ya sobrepasaba, aunque ligeramente, la barrera de la llamada “edad de Cristo”, vale decir, 33 años. Y de alternar un poco con el resto de la familia que él estimaba más a tono con el motivo de su visita, esto es, en orden descendente de edades,  Nena, Félix (yo), Jorge y Silvita, los únicos hijos de su hermano mayor. Engendrado y criado en la era del predominio del varón, prácticamente no contaba a la esposa de su hermano.

 Pese a todo, el tío Guillermo era un joven todavía soltero muy agradable, gran amigo y acompañador de su hermano mayor, y por ende partícipe de todas sus bromas, aficiones y costumbres, donde predominaba el afán de reírse a costa de los demás congéneres que vivían en la casa, sin hacer acepción de edad, sexo o condición social. Dados estos antecedentes las víctimas escogidas para sus “tallas” éramos en primer término nosotros, los niños varones, Jorge y yo, y, desde luego, la dueña de casa… A nosotros nos embarcaba el tío Guillermo, apoyado en gran medida por mi padre, en jueguitos de prestidigitación, donde había que adivinar en qué parte de su traje había dejado escondida la bolita, la carta del naipe o la moneda. Nunca atinábamos a identificar el lugar, lo que provocaba de continuo grandes risotadas de todos los circunstantes, tanto los prestidigitadores como de nosotros, los niños que, pese al bochorno, seguíamos casi tan alegres y entretenidos como si realmente hubiéramos acertado. La diversión en la mesa del comedor, mientras engullíamos nuestro almuerzo, cesaba bruscamente cuando al tío le daba por cambiar de víctima (justo nuestra mamá, la dueña de casa) a la vez que exclamaba con la mayor naturalidad de mundo:

¡Vamos a probar si estos porotitos burros están tan bien cocinados como nos asegura la patrona! Y sin decir más, procedía a sacar con los dedos una media docena de granos que había en su plato Y luego procedía a lanzarlos uno a uno  contra la mesa. Los porotos brincaban saltando un par de metros más arriba para luego desaparecer por los rincones o bajo los muebles, mientras el tío Guillermo y mi padre festejaban a risotadas los espectaculares brincos de cada grano azotado sobre la mesa y lanzado al aire.  -¡Observen, nos decía. ¡Todos los porotos  saltan como si tuvieran un resorte en el popó! Señal segura de que no están tan blandos para comérselos…, como sería nuestro gusto.

Nena,.Silvita y yo, y hasta Jorge,  manteníamos un religioso silencio mientras observábamos con el rabillo de ojo a mi madre que no hacía otra cosa que mirar la escena llena de furia mientras se retorcía la manos como queriendo asfixiar aunque fuera al meñique, su dedo más pequeño, en deseable representación de Guillermo, su “desubicado” cuñadito...

Una vez acabado el almuerzo, casi todos nos retiramos en silencio, algunos comentando en sordina las travesuras del tío Guillermo, muy alentado en todo momento por mi papá que, al parecer, encontraba muy simpáticas aquellas mojigangas de mal gusto.

Al salir del comedor, tuve la mala idea de echarle un vistazo a la copa de vino tinto de la visita, que a causa de haber empleado casi todo el tiempo en sus numerosas bromas, estaba solo servida a medias…

-¡Esta es mi oportunidad! – me dije, ya que nadie, por abandonar con presteza  la habitación, hacía siquiera amago de mirar a la mesa. Creí haber observado, además, que mi mamá se había encerrado en la cocina, a lamentar la humillación a que la había sometido el carácter machista y burlesco de los dos varones adultos, quienes –no creo que por vergüenza- se retiraron antes que nadie de nuestra casa, de seguro para continuar con la jarana…

Una vez que desaparecieron todos los comensales, me desplacé en puntillas hacia la mesa del comedor donde la copita del tío Juan lucía el color rojo del vino tinto tentándome con sus irisaciones de puro rubí a mandármela en un santiamén “entre pecho y espalda”. Sería la primera ocasión en mi corta vida que escanciaría de un solo golpe el néctar de los dioses, el predilecto de Baco. Y ese fue el preciso instante en que por única vez en mi vida ansié conocer el gusto de esa bebida tan elogiada por los adoradores del dios romano.

Pero yo no contaba con que mi madre, con la puerta de la cocina entornada hacia adentro, estaba observando mis abominables movimientos. Y sin pensarlo dos veces, ya que me veía a punto sorber la copa de vino, cogió lo que tenía más a mano y lanzó una cuchara rota hacia la dirección donde yo estaba. Lo hizo así porque le repugnaba el solo hecho de que a mi edad yo llegara a matricularme en el sendero del alcoholismo, todavía bebiendo vino ya tomado parcialmente por un “aguafiestas”, y lo peor,  ¡el bigoteado!, que destruiría mi vida y mi dignidad para siempre…

La  fatalidad o el arrebato ante las seguras secuelas del vicio quisieron que la tal cuchara lanzada estuviera rota en varias partes y llegó a herirme en la mejilla derecha, por lo que se precipitó por mi cara un chorrillo de sangre que mi madre se esmeró por curarme  con una servilleta blanca cogida desde la mesa del ágape, a la vez que con los ojos llenos de lágrimas me pedía perdón y me aseguraba una y otra vez que lo que ella  había querido hacer, era a lo sumo un buen coscorrón sobre mi cabeza bien poblada de cabellos negros… Pero nunca, nunca, pudo imaginar ese hilo de sangre que amenazaba con dejarme una fea cicatriz en el rostro...

La pobre ya había sufrido bastante con las bromas de mal gusto de Guillermo, su cuñado, con la complicidad de mi padre. Eso explicaba la violencia de su reacción.

Y por toda respuesta, muy emocionado le dije para consolarla:

-Tu castigo, mamá, lo tengo bien merecido. No pienses en el golpe, estoy realmente contento porque tus lágrimas y tus palabras, además del castigo, me han hecho ver que me quieres de verdad, porque sólo buscas que esté siempre sano, que me porte bien y que sea feliz… ¡Te amo más que a nadie y como nunca, mi querida mamacita…¡Y no llores más! ¡Es solo un pequeño tajito que desaparecerá en unos pocos días…!

miércoles, 1 de agosto de 2012

Tía Amy le canta a la agüita clara.

Agüita clara.

                                              De Amelia Pettorino.
                                               Agüita clara,
                                               ven a mi boca,
                                               quiero beberte
                                               gota por gota.

                                               Quiero sorberte
                                               con tus canciones,
                                               agüita clara,
                                               a goterones.

                                               ¡Qué finos cantos
                                               sabes, agüita!,
                                               lees las notas
                                               de tus gotitas.

                                               Bajo la lluvia
                                               siento tus besos:
                                               hebritas rubias,
                                               toques traviesos.

                                               Agüita clara,
                                               fresca y frutal,
                                               miro tu cara:
                                               ¡puro cristal!

Documento histórico: Dos universidades chilenas se unen para presentar la edición del término de una investigación de trascendencia nacional.

Presentación de los Rectores
de las Universidades auspiciantes.

Una vez más la Universidades de Playa Ancha y de Magallanes unen sus esfuerzos con el propósito de publicar bajo sus auspicios obras particularmente relevantes para la tradición y cultura nacionales.
         En la presente ocasión, se trata de los tomos IV y V del Nuevo Diccionario Ejemplificado de Chilenismos y de otros Usos Diferenciales del Español de Chile, cuyos autores son los académicos porteños Félix Morales Pettorino, Director del proyecto, y Óscar Quiroz Mejías, Investigador principal.
         Estos volúmenes constituyen una revisión completa de los tres precedentes editados con los auspicios del Fondo Nacional del Libro y la Lectura y que merecidamente han sido incorporados a la Biblioteca del Bicentenario.
         Conviene destacar que la publicación de hoy viene a dar cima a las más extensa empresa lexicográfica realizada en el país, ya que se suma a los cinco tomos del proyecto original del Diccionario Ejemplificado de Chilenismos publicados entre 1984 y 1998 y que ha sido distinguido con premios de la Real Academia Española y del Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas.
          Las Universidades de Playa Ancha y de Magallanes, junto a los autores, con legítimo orgullo rinden con esta publicación un sentido homenaje al Bicentenario de la Primera Junta Nacional de Gobierno, testimoniando como universidades estatales su indefectible compromiso con la cultura nacional.

Víctor Fajardo Morales                              Patricio Sanhueza Vivanco
Universidad de Magallanes                          Universidad de Playa Ancha
    Rector                                                        Rector